16
de
Enero
Crónica de un Ocioso
Para tratar el tema, nada mejor que un escritor, que ocupa un alto rango en la jerarquía de los ociosos. Por definición, es un personaje inactivo, inútil, desempleado y perezoso. Por supuesto, estoy escribiendo sobre el ocioso.
En fin, empecemos hablando del primer ocioso: Dios, que por desocupado se puso a mamar gallo con el barro, formó una figura a medio terminar y que confluyó llamándola Adán. Le entregó la vida de la manera más fácil, soplándola. Luego la clonó mal y le resultó entonces ese error llamado Eva. Por ocioso no continúo estornudando vida y a esta pareja inconclusa le puso el poder de la auto clonación en sus manos y el hombre por desocupado, para no sostener esta carga, las colocó más abajo.
El creador no contento con el ocio que legó a su creación, plantó un manzano en los predios del paraíso para poder contar el cuento de la fruta prohibida y con ella la tentación. ¿Por qué no plantó una mata de marihuana? Así nuestros primeros padres se la hubieran fumado de una y así su destierro tendría una salida bacana trabando a la humanidad y no poniéndole trabas a su felicidad.
Hablar de la creación del hombre es hablar de la génesis del ocio. Se perdieron seis días ociosamente, hubiera bastado uno… Por desocupado sacó el caos al a luz y se le salió de sus manos esparciendo el desorden por todo el universo.
Pero más desocupado el Diablo que por falta de oficio buscó al hombre para que practicara sus teorías del emplear el tiempo en la inutilidad. De hecho, la historia del hombre es una elegía al ocio.
El político es un ocioso que le pone problemas a las soluciones. El cura es un ocioso que pretende absolvernos con una bendición de la culpa de nuestros errores cometidos por la falta de ocupación. Todo es así.
Con esta crónica compruebo que el ocio es un mal generalizado. En mi caso escribo por sacarle el cuerpo al trabajo y nada mejor que escribir sobre lo único que sé hacer… ocio…
Este volante es publicidad pagada con el tiempo perdido del lector…
Fernando Restrepo C.


